Los sírfidos de Polyfly, un nuevo paso en la historia de la polinización natural
La historia de la agricultura está íntimamente ligada a la de los polinizadores. Desde hace miles de años, las abejas melíferas (Apis mellifera) y otros insectos que proporcionan servicios ecosistémicos han sido aliadas esenciales del ser humano. En un primer momento, su acción fue completamente silvestre. Posteriormente, dio lugar a la apicultura organizada, documentada ya en el Antiguo Egipto. Durante siglos, además de la recolección de la apreciada miel, su papel fue determinante en la producción agrícola de frutas, semillas y hortalizas. Gracias a ello, se consolidaron como el principal referente de la polinización agrícola a nivel mundial.
Sin embargo, a finales del siglo XX, el desarrollo de la horticultura intensiva y de los cultivos bajo invernadero puso de manifiesto las limitaciones de la abeja melífera en entornos protegidos. Fue entonces cuando, a partir del año 1987, comenzaron a introducirse de forma comercial los abejorros del género Bombus terrestris en Europa. Aunque el concepto de abejorros como polinizadores naturales ya se conocía, su uso generalizado en cultivos protegidos como polinizadores «manejados» se consolidó a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa gracias a su «domesticación» la industrialización de su proceso de cría. De este modo, sustituyeron progresivamente métodos tradicionales muy laboriosos como la polinización manual.
No obstante, existen antecedentes anteriores. Ya en el siglo XIX, se introdujeron especies de abejorros en lugares como Nueva Zelanda para la polinización del red clover (trébol rojo). Sin embargo, estos ensayos formaban parte de programas de aclimatación y no eran directamente equivalentes a la comercialización moderna de abejorros para horticultura.
Con el paso del tiempo, los abejorros se consolidaron como la solución más eficaz para la polinización agrícola de cultivos como el tomate bajo invernadero en Europa. Esta eficacia se explica por su capacidad de realizar polinización por vibración (buzz polliantion). Como consecuencia, en pocas décadas su uso se extendió a escala global, aunque en ciertos países su uso es restringido o incluso prohibido debido a regulaciones ambientales. Desde entonces, se han convertido en un estándar técnico en polinización agrícola durante más de cuatro décadas. El estudio de Velthuis y van Doorn (2005), hace ya más de 20 años, revisa la historia de los abejorros y su papel en la agricultura moderna.
Historia de la polinización con sírfidos
De forma paralela, durante la segunda mitad del siglo XX, comenzaron a documentarse científicamente los primeros usos de dípteros de la familia Syrphidae (sírfidos) como agentes de polinización agrícola. En particular, a partir de la década de 1970, diversas investigaciones pioneras desarrolladas en Japón marcaron un punto de partida. Entre ellas destacan los trabajos de Kobayashi (1974) y, posteriormente, de Ohsawa y Namai (1988). Estos estudios demostraron el potencial de especies como Eristalis cerealis y Eristalis tenax en cultivos hortícolas y oleaginosas, especialmente en sistemas protegidos.

Además, estos trabajos sentaron las bases para el desarrollo de métodos de cría artificial y de uso controlado de sírfidos. Destacando su resistencia a variaciones de temperatura, su actividad constante y su impacto positivo en la producción de frutos y semillas.
A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, esta línea de investigación se extendió a otros países. En concreto, se desarrollaron estudios relevantes en Alemania (1994), Corea del Sur y España. Estas investigaciones se centraron en la cría masiva de especies de sírfidos de la subfamilia Eristalinae, la optimización de su manejo y su aplicación en cultivos bajo invernadero. Sin embargo, durante este periodo los sírfidos se utilizaron principalmente en un ámbito experimental y académico. La ausencia de un modelo industrial limitó su producción a escala, pese a su demostrada capacidad polinizadora.
Pero, ya en el siglo XXI, trabajos de investigación a gran escala, realizados en Nueva Zelanda (2019) y Australia (2025), tuvieron como objetivo estudiar el potencial de los sírfidos polinizadores para la polinización de cultivos comerciales, tanto en entornos protegidos como en campos abiertos. Y ahora, el sector agrícola se sitúa ante un nuevo hito histórico en la polinización con el trabajo de Polyfly. Se trata de una iniciativa nacida en Almería que amplía el modelo tradicional mediante la incorporación de dos nuevas especies de dípteros polinizadores manejados: Queenfly y Goldfly.

La primera planta de producción de sírfidos en el mundo
El verdadero punto de inflexión reside en que Polyfly se convierte en la primera empresa a nivel mundial en lograr la industrialización y el manejo productivo de sírfidos eristalinos a gran escala. Este avance es el resultado de una larga trayectoria de innovación basada en conocimiento científico y desarrollo tecnológico. Fruto de este proceso, se ha diseñado una planta industrial capaz de producir masivamente millones de sírfidos de forma continua y controlada. De este modo, se garantiza su disponibilidad, trazabilidad y fiabilidad para su uso agrícola a escala global.
Esta es, precisamente, la misión impulsada por sus fundadores, Marc Vaez-Olivera y Yelitza Velásquez: transformar décadas de investigación científica en una solución real, escalable y sostenible para la polinización agrícola del futuro.
Una solución natural de polinización que representa una evolución lógica del sector. Son polinizadores con comportamientos diferenciados y ciclos de vida específicos. Además, sus aplicaciones se adaptan a las exigencias de la agricultura moderna, tanto al aire libre como en entornos protegidos. Lejos de plantearse como un reemplazo inmediato de los abejorros y abejas, Polyfly permite implantar sistemas de polinización más diversificados y eficientes. Estos sistemas se ajustan a cada cultivo, tanto en producción de semillas como en producción de cultivos hortofrutícolas económicamente importantes.
En definitiva, tras siglos de dependencia de las abejas y más de cuatro décadas con la incorporación de los abejorros, la polinización agrícola entra en una nueva etapa. En esta fase, la innovación biológica y el conocimiento técnico resultan determinantes. Con la incorporación de Queenfly y Goldfly, se confirma que el futuro de la agricultura pasa por entender la polinización como un ecosistema vivo y en constante evolución, cuya sostenibilidad y productividad dependen también de la diversificación con soluciones eficientes y competitivas.


